El Parlamento de Hänsel y Gretel (ahora en vídeo)

Si te perdiste el Parlamento de Hänsel y Gretel al que nos convocó Andrés Jaque en La Casa Encendida a Miguel Mesa (@filoatlas), Ruth Toledano (@ruthtoledano), Andrés Fernández Rubio y a mí, aquí tienes el vídeo, cargado de ideas, conexiones, interpretaciones, reapropiaciones, denuncias, deseos… (¡¿cuándo repetimos?!).  Si te quedas con ganas de más puedes recuperar este post con diversos materiales o releer la propuesta caníbal de Miguel Mesa

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Chicos, podéis contribuir a poner fin a esto: Propuestas colaborativas frente a espacios 100% masculinos

Una empieza a estar más que harta de boys clubs. Y, no, no me refiero a esos que ponen en escena abiertamente su virilidad, sino a los espacios de expertos y voces autorizadas  en los que el abrumador protagonismo masculino se agazapa bajo una pretensión de universalidad, científica y neutral, a la que habría que cantar con golpes firmes de cadera eso de “que la detengan, que es una mentirosa, malvada y peligrosa”.

Las tertulias televisivas consideradas “serias”  ofrecen numerosos ejemplos de sobrerrepresentación masculina  (mientras su contraparte es denominada “telebasura” e identificada como femenina). Pero los espacios académicos no se quedan cortos, con comités, comisiones, jurados, tribunales, consejos asesores, mesas redondas, tertulias políticas o científicas, ciclos de conferencias y jornadas o programas docentes en los que ya sea por inercia, por desidia o por desconsideración no hay una sola mujer (ni siquiera una que responda al principio Pitufina). Son estos boys-clubs de expertos los que dan pie a estas propuestas colaborativas para romper con exclusiones y monopolios en la representación autorizada y autoritaria del conocimiento por dos razones básicamente: porque son los que mejor conocemos y porque en ellos la alianza entre la naturalización de la desigualdad, el mérito, el poder, la autoridad y el saber resulta particularmente monstruosa (y así se puede pretender, como en este ejemplo, «democratizar la memoria»  con una docena de participantes y perspectivas 100% masculinos en un cartel que al mismo tiempo utiliza simbología feminista como reclamo e imagen de marca). 

¿En qué consiste la propuesta? Pues, para empezar, en firmar un compromiso de no participar en foros y eventos 100% masculinos, acompañado de un repositorio de imágenes y unas pegatinas. Todo ello reciclando iniciativas de aquí y allá para volver a ponerlas en circulación de modo que a su vez permitan apropiaciones sucesivas. 

  • En este grupo en Flickr podemos recopilar de manera colaborativa eventos y foros académicos 100% masculinos. Bonus si además todos los participantes tienen más de 50 años, son blancos, urbanitas, heterosexuales… Se lo copiamos a Boys-club, cuyo archivo merece la pena visitar.
  • Con pegatinas podemos señalar actividades 100% masculinas al estilo de las Guerrila Girls. Hemos diseñado (es mucho decir) dos, pero por supuesto podéis hacernos llegar las vuestras). Pueden descargarse e imprimirse en etiquetas autoadhesivas comunes:

100%MASCULINO peque

prohibido mujeres

También se puede descargar y corta-pegar las dos imágenes de las etiquetas para utilizarlas en entornos digitales.

«¿No habéis podido incluir a ninguna mujer? Mira, me encantaría formar parte del programa, pero me he comprometido a no participar en mesas exclusivamente masculinas. Y, en todo caso, ¿seguro que queréis dar a entender que no hay ninguna mujer cualificada?”

«¡Uf! Tienes razón. Gracias. Vamos a arreglarlo»

Así ha sido en su caso, de modo que no ha tenido que declinar finalmente ninguna invitación ni le ha generado mayor tensión. Al fin y al cabo se trata de decir simplemente que no cuenten contiguo para reproducir privilegios y exclusiones.

Puedes firmar el compromiso aquí. Pero además puedes compartir este enlace  por correo y redes sociales o puedes publicar el formulario donde quieras copiando y pegando estas líneas de código.

Y, por supuesto, ¡te animamos a seguir sumándose iniciativas!

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Mini-ciclo Activismo en Internet

El  lunes 13 de mayo charlamos en la Facultad de Ciencias Políticas y Scciología de la UCM con Margarita Padilla, autora del libro El kit de la lucha en internet. El lunes siguiente, 20 de mayo, seguimos y con Stéphane Gruesso y Patricia Horrillo, promotores junto a Pablo Soto de 15m.cc. ¡Gracias a los tres!

Las dos sesiones estarán disponibles en unos días en vídeo. Mientras tanto aquí os dejamos las presentaciones utilizadas por Stéphane (pdf) y Patricia (prezi).

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El agotamiento de la política-yenka y la potencia de lo ordinario y lo popular

Hay quien se empecina en explicar el mundo con la letra de la yenka (“izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, un, dos, tres”) y en actuar en él siguiendo su coreografía (doble patada a un lado, doble patada al otro, salto hacia delante, salto hacia atrás, y tres rebotes sobre la misma posición). Pero hoy esa política yenka agota y está agotada y, en su mirar para otro lado, se ve desbordada por lo ordinario y lo popular.

La peluquería, el vestuario, la puesta en escena de Enrique y Ana traslucen el paso del tiempo sin tapujos. Y lo que se sabe viejo, al saborearse como tal, torna vintage o retro, de modo que podemos reconocernos de algún modo. La política yenka, sin embargo, sigue reivindicándose contemporánea. Es esa testarudez la que la hace viejuna, que no vintage o retro, lo que provoca desde pereza desafecta a indignación manifiesta.
La yenka se reconoce superficial desde el inicio: “Vengan chicos vengan chicas a bailar / Todo el mundo viene ahora sin pensar / Esto es muy fácil lo que hacemos aquí”.  “Hay que fácil es la yenka”, “no hace falta comprender la música” son otras de sus rimas (alguna un tanto forzadilla). La política yenka sigue a pie y juntillas letra y coreografía, pero se declara profunda, con vanguardias autoproclamadas que, plantadas delante, menosprecian a los demás y con tal pretensión de control que en su obsesiva  sospecha hacia qué o quién está detrás desatienden lo que tienen ante las narices. Incluso sin parecer importarles tres narices. Porque la política yenka dedica en la práctica mucho más tiempo a sus postureos, votando, rebotando y girando sobre sí mismos, que a las crecientes desigualdades y la cruel multiplicación de sus consecuencias. Las vanguardias y los representantes yenka, abstraídos en sus ritmos y ejes, con su fijación por con-vencer sin ser con-vencidos, se pierden en su ombligo (que con frecuencia culmina una barriga mejor alimentada que la media) y ningunean lo ordinario. Es decir, desconocen, minimizan o deslegitiman los desafíos, dolores y placeres cotidianos de aquellos por quienes pretenden hablar al tiempo que ocultan o ignoran su propio compromiso, interesado o inercial, con la reproducción de una normalidad y un orden profundamente asimétricos y abusivos.
Muestra de ello es la rapidez, rotundidad y consenso ritual con que se condenan los escasos actos violentos protagonizados por algunos yonquis de las yenkas y por quienes se juegan sus posiciones con ellos, en escandaloso contraste con la connivencia, la tolerancia, la desidia o el silencio con respecto a otras formas de producción generalizada de daños (desempleo, fraude fiscal, recortes, etc.) a las que jamás se tilda de antidemocráticas con el mismo empeño. Y así se acaba dedicando más tiempo y energía a sembrar dudas sobre la legitimidad de los escraches que a erradicar las prácticas delictivas y criminales que en ellos se denuncian. O se actúa con mayor firmeza contra los desaciertos en las movilizaciones estudiantiles que en favor de sus razones, relegadas a lazos verdes en solapas físicas o virtuales o a declaraciones protocolarias, lo que revela tanto su debilidad y vacuidad como las alianzas monstruosas en las que se acaba tomando parte.

Hay sin embargo formas potentes de orientación en lo cotidiano  que, hiperritualizados en la política yenka, la desbordan. Son las tensiones entre arriba y abajo que visibilizan iniciativas ciudadanas como la PAH o los múltiples y diversos 15M; o entre lo abierto y lo cerrado, como señalan los movimientos ligados al software libre y el open access; o entre dentro y fuera, como vienen denunciando las diversas mareas en defensa de los servicios públicos o reinterpretando campañas con las de Juventud sin Futuro.
Lo popular más que mediar remedia: jugando en el campo de los conocimientos prácticos, las experiencias, las emociones y los deseos compartidos recompone lo viejo con lo nuevo y al hacerlo reinterpreta, reinventa y alivia, dejando en evidencia la simplicidad de lo abstracto y a sus voces expertas y educadas. Algo similar hace el blues, algo parecido despiertan las damas del soul, la cultura hip-hop o el quejío flamenco. Del mismo modo escenas como ésta, de la serie Arriba y Abajo , pero también las telenovelas y otros géneros televisivos denostados facilitan la empatía y la puesta en común de problemas sociales, como en su día se reconoce ya que hicieron novelas populares como  La nueva Eloísa o La cabaña del Tío Tom.

Lo ordinario y lo popular puede ser mejor brújula a la hora de orientar alianzas monstruosas en estos tiempos convulsos que muchos principios rectores naturalizados y desencarnados: “Un hombre pasa con un pan al hombro / ¿Voy a escribir, después, sobre mi doble? […]/ Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre / ¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?”, se pregunta César Vallejo en este poema. Pues al emocionarnos y conmovernos podemos componer otras rimas, que partan y compartan desde abajo sin descuidar los “afueras”, y aventurarnos en otros ritmos y bailes menos cartografiadas de antemano.

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Nociones comunes: Los géneros de la violencia

Estos son los materiales y el esquema para la sesión Los géneros de la violencia
que tendrá lugar el lunes 29 de abril, a las 19.30 en el marco del curso
XY. ¿La identidad masculina? Fronteras, cuerpos, educación y violencia, organizado por Nociones Comunes (Traficantes de Sueños)

Texto de apoyo (pdf)
Audio de la sesión

1. Sentidos comunes: desafíos feministas al marco

¿Qué presupuestos tradicionales sobre los malos tratos en pareja, la masculinidad y la desigualdad, etc. destila el anuncio?

2. Sentidos comunes: limitaciones del marco actual

¿Qué presupuestos sobre los malos tratos en pareja, la masculinidad, la desigualdad, etc. en el contexto actual destila la campaña institucional?

3.  Crisis y violencia: lo que los marcos movilizan

Eskup

¿Qué panorama reflejan los comentarios a la noticia aparecida el 3 de abril (eldiario.es, público.es, elpais.es)? ¿Qué presunciones destilan? ¿Qué tipo de análisis y escenarios conforman?

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¿Qué tendrán las tetas que tantas teclas tocan?

Empezamos bien. Nada más empezar a escribir el corrector no me reconoce “tetas”. Las subraya en rojo de prohibido, error, pasión, ira, sangre, izquierda, tomate… Veamos qué pasa con “mama”. Sin problemas: ni rastro de marcas ni sobresaltos. La teta apropiada, educada y correcta es la mama, de mamar, naturalizada en la función que la define en términos sustantivos (amamantes o no), y monitorizada en mamografías. La tensión mama/teta bien podrían interpretarse en relación con la escisión entre el pecho-bueno (el que todo lo da) y el pecho-malo (el que todo amenaza) a la que se refiere Melanie Klein (cuya entrada en Wikipedia, dicho sea de paso, es ejemplo claro del interés de campañas como esta). Pero este post no va de mamas. Tampoco va de pechos, a caballo entre “tus perjúmenes,  mujer”, el erotismo de marca blanca y el recuerdo de esos roces que erizan el vello y lo que no lo es. Va de TETAS. Y más en concreto de las tetas de FEMEN manifestándose desde Davos al Vaticano, contra Putin, Merkel o Strauss-Kahn…

En su cuidada y vistosa página Femen se presenta como una organización de mujeres que defienden la igualdad social y sexual y cuestionan “el patriarcado en todas sus formas: dictadura, iglesia e industria del sexo” movilizando “todas las células del cuerpo en una lucha constante contra las categorías que esclavizan a las mujeres”. Más allá de posibles acuerdos o discrepancias con sus diagnósticos y objetivos tácticos llama la atención la controversia que despiertan. De hecho, en cada acción que realizan hay una cola de gente dispuesta a partirles la cara o minar su legitimidad. Las fuerzas de orden de unos países u otros les sacuden sin piedad, como se ve en sus vídeos; y a ellas se suma algún que otro espontáneo iracundo, como el de esta foto al parecer retirada de Facebook por incumplir su normas, y me temo que no por el patadón, sino por las revindicativas tetas.

via @manuelansede

El artículo en Público a raíz de la Topless Jihad en apoyo a Amina Tyler, condenada a muerte por enseñar las suyas en Internet como una activista más, ofrece un interesante retrato de los sectores incomodados por Femen: las autoridades tunecinas, los extremistas religiosos y sus aliados occidentales, los liberales seculares, las feministas religiosas, “los dueños de la mentalidad tribal”, los defensores del relativismo cultural… Vamos, un montón de gente que difícilmente alcanzaría tal nivel de acuerdo en ningún otro tema. También permite ver cómo las izquierdas y los feminismos no están al margen de todo ello. Sí, generalizo, porque apenas hay quien defienda a estas mujeres, como señala un post muy recomendable de  Píkara Magazine, y abundan los ataques presuntuosos, esto es, cargaditos de presunciones. Así, en la primera reacción al artículo en Público, Novlucker comenta:

“Tienes razón en casi todo lo que dices, Nazanín, pero siguen sin gustarme las Femen, hay algo que me huele a afán de protagonismo y exhibicionismo en ellas, pues hay otros muchos métodos de lucha política sin necesidad de recurrir a mostrar las mamas, cosa que recuerda, quiérase o no, a la gran sexualización de la sociedad que está realizando la inmensa cantidad de pornografía que nos ha invadido.”

De nuevo las mamas. Mamas sustantivas y sexualizadas por “la sociedad”, definida metonímicamente como una productora pornográfica extraterrestre o extranjera (de ahí la invasión). Esta cadena de significación en torno a los cuerpos, la sexualidad, la sociedad y el decoro militante despoja a las tetas de cualquier posible reapropiación y por extensión a las mujeres de su capacidad de hacer y decir como les plazca. Sus puestas en escena se sancionan por exhibicionistas y por su afán de protagonismo Pero ¿qué presunciones subyace a su consideración negativa? ¿Quizá las mujeres debemos modular más nuestro afán de protagonismo? ¿Cómo conecta todo esto con la tradición del decoro y la discreción de la buena mujer, la mujer buena o la mujer de bien? Y, por otro lado, cualquier reivindicación colectiva se carga de algo de eso, ¿no? ¿O no vamos a las manis para que se nos vea (exhibicionismo) y nuestros planteamientos se tengan en cuenta (protagonismo)?

Si las mamas se enseñan se convierten en tetas. Y la teta es sospechosa, ya sea por pecaminosa o por patriarcal. De sermón a sermón sin derecho a decidir enseñar el propio pezón. Niurka Chávez planteaba el debate con un acierto y una capacidad de síntesis encomiable (además de con una referencia interesante):

Al debate abierto nos lanzamos sin pudor un par de ordinarias interesadas en estas expresiones de “poderío exhibicionista”.

¿Y tú? ¿Qué ves?

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De etnografías virtuales y nomadismo.

La etnografía virtual es una técnica de investigación social que últimamente se encuentra muy en boga. Popularizada por C. Hine en el afamado Virtual Ethnography, el término fue acuñado por B.L. Mason; no sin levantar pocas controversias. El bagaje simbólico que implica el concepto de “virtual”, junto a la pretensión explícita de desmarcarse de la etnografía clásica, ha propiciado que numerosos autores se hayan decantado por el empleo de términos próximos o afines considerados como menos “conflictivos”, como netnografía (Kozinets; Del Fresno), ciberetnografía (Pearce) o incluso investigación cualitativa o etnografía -a secas- (Markham y Baym), entendiendo que la etnografía es una única técnica independientemente del ámbito en el que se aplique.

 Sin embargo, realizando un ejercicio de honestidad, la revisión de la literatura que ha ido cayendo en mis manos, me ha llevado a erigirme en defensor del término etnografía virtual. Pese a los inconvenientes señalados, es el término más claro entre las alternativas disponibles y, con diferencia, más largamente empleado entre los académicos en activo (y en un campo tan joven el consenso y afianzamiento conceptual es apremiante y necesario).

 ¿Pero que distingue a la etnografía clásica de la etnografía virtual? Siguiendo los postulados de Kozinets en Netnography: Doing Ethnographic Research Online, existirían tres principales diferencias:

  1. Una comunidad online es diferente a una comunidad física en términos de accesibilidad, acercamiento/enfoque y envergadura de potencial inclusión.

  2. La recopilación de los datos es bien diferente, la cantidad de información extraída es mucho mayor (por las facilidades derivadas); el tratamiento de los datos digitales también es susceptible de ser analizado de manera distinta.

  3. En cuanto a las cuestiones éticas, es difícil traducir fácilmente los modos de proceder del trabajo de campo clásico (cara a cara) al medio online.

A modo de conclusión, parece existir un consenso generalizado entre los metodólogos al afirmar que la etnografía virtual tiene ciertas limitaciones (la propia Hine reconoce la problemática derivada de carecer del componente cara a cara). Afortudanamente existen una serie de alternativas; Kozinets propone enfoques combinados, siempre y cuando sea pertinente -y yo apunto posible-, para cubrir estas ciertas limitaciones. Es lo que se ha llamado “blended ethnography”. A juicio de un servidor, la combinación de diferentes métodos de observación (online y offline) nos puede acercar de una manera más exitosa al conocimiento que se pretende adquirir, y es, notablemente, más productivo.

alone, the pure netnography would be partial and incomplete” (Kozinets; 65)

La blended ethnography es un tipo de etnografía a medio camino entre la clásica y la etnografía virtual que recopila datos tanto recogidos cara a cara como mediante interacción online. Un ejemplo clásico es el de Shelley Correl (1995) The Ethnography of an Electronic Bar: the lesbian café, donde la autora realiza una etnografía que combina observación física con trabajo de campo online en un bar lésbico que cuanta con un sistema computerizado de tablón de anuncios (computer bulletin board system).

Image

Pero haciendo honor al título del artículo, uno de los ejemplos de etnografía virtual mixta (blended ethnography) más interesantes que he observado es el referente a la propuesta de Pearce al estudiar las comunidades virtuales. Una de las características más indicativas que suelen reseñar los autores dedicados al estudio de las comunidades online es su alta dosis de efervescencia y/o mutabilidad. Las comunidades virtuales se transforman constantemente, sus usuarios vienen y van, y muy comúnmente -se afirma- que su vida no es tan prolongada como el de otro tipo de comunidades. Sin embargo ¿es esto tan así? La evidencia empírica que señala Pearce cuestiona algunos de estos postulados. Desde 2004, fecha en la que el juego de rol multijugador masivo URU: Ages Beyond es clausurado, dejando a más de 10.000 jugadores en la estacada, esta autora ha estado estudiando la inter-migración entre comunidades de juegos online (tomando como caso de estudio el ejemplo citado). Parte significativa de estos jugadores se conviertieron de inmediato en refugiados en otras comunidades online como There.com o Second Life. Pearce, siguió a estos jugadores a sus nuevos hábitats y se decidió a acudir a eventos físicos organizados entorno a estas comunidades. Como si de nómadas se trataran, seguir a los usuarios de las comunidades online más allá de la vida y muerte de éstas (y más allá del únicamente espacio online), parece ser una alternativa extremadamente potente que hace emerger una serie de relaciones complejas que entrelazan y articulan distintos nichos del ocio y la vida cotidiana del usuario con las comunidades.

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Open Access and Open Legs

El artículo de Elias Notario «Lo que internet le debe al porno» termina con esta frase sobre esta multiforme industria: «Son un sector que impulsa tecnologías al adoptarlas antes que nadie, mejorarlas y popularizarlas, y que a diferencia de otras industrias, como la del cine a la que no le gusta nada lo de correr riesgos o perder el control sobre los sistemas de producción y distribución, la del porno no se echa para atrás ante nada -leyes restrictivas, presiones sociales, cambios de paradigma, etc- y no tiene problema en jugársela e innovar donde toque en cada momento».  Esto me ha hecho pensar en las múltiples conexiones entre porno y conocimiento abierto,  (y no solo como esta iniciativa del  foro putalocura en el 2006 que no sabemos en que quedó) y en las muchas potencialidades que tiene pensar desde el porno (o con el porno) las lógicas colaborativas e innovadoras ligadas a los desarrollos digitales y a los dispositivos abiertos e inacabados. Como parece que no soy la única en encontrar conexiones lanzo la pregunta para buscar más.

Foto porno tecnologíaPrimero por lo que cuenta Notario, los productores y comercializadores de porno no han reaccionado como sus colegas de las otras industrias culturales haciéndole la guerra a las audiencias díscolas que aprovechan las posibilidades de lo digital y del P2P. Al contrario, han sido flexibles y creativos para ver por donde iban las cosas y sacarle partido. Esto no se produce sólo en las maneras de gestionar formatos y modelos de negocio, también en los mismos contenidos, siguiendo la pista a gustos y prácticas, articulando convenciones e innovaciones, no siempre intencionales, y en ocasiones resultado de la improvisación, la rapidez y el pragmatismo; observando, acogiendo y comercializando  las formas y estéticas del porno amateur y de la creciente autopornificación facilitada por confluencia entre la fotografía digital, la facilidad para compartir imágenes digitales, las ganas de ponerse y que te pongan, y otros deseos que se generan en torno a compartir imágenes íntimas.

Los productores y distribuidores de porno aprovechan al máximo también las posibilidades de feedback y conocimiento que ofrece la Red. Esto lo encontramos desde la producción de pelis comerciales que imitan la estética, los tipos, las situaciones, el ambiente y los errores del porno amateur (quién a su vez reinterpreta y se inspira en el porno profesional en un bucle extenuante que forma en si mismo un dispositivo de placer inacabado) hasta la distribución comercial de porno casero o el desarrollo de otras formas de negocio ligadas a chats y webcams; esto es, otras formas de crowdsourcing y playbour, con los pros y contras que ya conocemos.

Para entender esto tampoco hay que olvidar la heterogeneidad  de los modos de hacer y negociar bajo esa etiqueta de industria del porno, desde sus orígenes hasta hoy hay mucho de DIY, de tira p’alante y ya veremos, de aprovechar los recursos que se tienen (recuerdo como el compañero de piso de mi hermana, productor de porno gay, aprovechaba cada viaje de vacaciones en las casas que le dejaban los amigos para rodar escenas y cambiar así de escenario), de pasarse la legalidad también por la entrepierna. Aspectos estos que encontramos en las iniciativas y colectivos ligados al open access. Por supuesto que en esa multiforme industria pornográfica también se dan otras formas de creatividad y flexibilidad no tan atractivas, como las vinculadas a la explotación laboral, algo que tienen en común con tantas otras empresas hoy en día.

Point G. Mouse (Andy Kurovets)

Volviendo a las conexiones, además de recordar, como en la magnífica crónica de David Foster Wallace «Gran hilo rojo» en su libro Hablemos de Langostas, que porno y tecnología coinciden en las Vegas al celebrarse los Premios Anuales de la Adult Video News y  la CES (Consumer Electronic Show) en las mismas fechas cada año, abrimos el hilo para pensar en todas estas aberturas y conocimientos. Por ejemplo, en cómo los distintos pornos al dar cabida a más filias y formas que los géneros audiovisuales para todos los públicos, generan múltiples formas de ordenación, categorización y archivaje, necesarias para orientarse, perderse y encontrarse entre carnes y flujos. Los cuestionamientos, necesidades y soluciones para orientarse y categorizar y las prácticas de gestión de esos archivos, tanto en las webs profesionales como en los medio escondidos archivos personales que la autopornificación va generando en móviles y ordenadores personales, resuenan con cuestiones similares que se generan y exploran en los entornos de conocimiento abierto.

Y os dejo otra conexión antes de leer vuestras sugerencias:  lo obvio, que ambos ámbitos, además de apelar a lo común y ordinario (unos más en lo vulgar y otros en el más políticamente correcto procomún) se mueven por pasiones y deseos que se nutren y se encienden con los encuentros con los desconocidos y extrañas, y ya sería deseable que las desconocidas experimentando e intercambiando en red estuvieran tan presentes, y fueran tan bien acogidas, cuando se trata de abrir conocimiento que cuando se trata de abrir las piernas.

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Dispositivos inacabados: Liberar renunciando al control

El término dispositivo inacabado se lo oí a Marga Padilla aquí en conexión con una atractiva meta, “liberar renunciando al control”, que asume  que “la inteligencia está distribuida un poco por todas partes”. Vamos, lo contrario al modelo que promueve la funesta reforma de la ley de propiedad intelectual. “El dispositivo inacabado –escribe Amador Fernández Savater en este artículo–, puede ser un espacio, una herramienta, una idea, una imagen, una propuesta. Es inacabado en tanto que es abierto y deja espacio al otro para reconfigurarlo y alterarlo, sin imponer modos de uso únicos o criterios de pertenencia rígidos; en tanto que es replicable y se puede trasladar, traducir y recrear en otros contextos y situaciones, sin establecer claramente un autor-propietario. El dispositivo inacabado requiere (es decir, necesita y solicita) la participación activa del otro para encontrar un sentido y un uso».

Fuente: My Lovely Blood Flow

Anonymous, Wikileaks, el 15M, el software libre, el Partido X o la propia red son, cada cual con su especificidad, dispositivos inacabados que facilitan prácticas, relaciones y procesos.  Pero que lo sean ¿depende única o fundamentalmente de su diseño? En otros términos, que toda arquitectura sea una política no implica que esta se agote en aquella. Y así incluso los planeamientos y dispositivos más cerrados y centralizados se ven desbordados, recompuestos o subvertidos por las diversas apropiaciones, usos y prácticas. De modo que cabría preguntarse entonces cómo se conjugan en la práctica dispositivos, disposiciones, conexiones, experiencias, éticas, etc.

Dejando de lado ahora esas disquisiciones la imagen del dispositivo inacabado es sugerente y polimorfa. ¿Cómo podemos contribuir a la circulación de dispositivos inacabados en nuestras prácticas cotidianas? ¿Qué dispositivos inacabados identificamos como tales o cuáles nos motivan? ¿En qué horizontes se/nos enmarcan? La imagen del dispositivo inacabado se convierte así en lo que enuncia: en un dispositivo inacabado que, siguiendo la intervención de Marga Padilla, «requiere de alguien en el otro extremo de la red que lo retome para que la trama tenga sentido».

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El aula sin muros (remix). Parlamento de sábado de una docente en pijama

Llevo días dando vueltas a un post sobre la cultura libre, el conocimiento en abierto y sus implicaciones para la docencia y las instituciones educativas, inmersas también en un cambio de paradigma. El tema no es nuevo. McLuhan lo abordó en “El aula sin muros”, un escueto texto de dos páginas incluido en el volumen del mismo título editado con Carpenter en 1960. En él apunta la ruptura del monopolio del libro en la producción, almacenamiento y circulación del conocimiento y la cultura, subraya el carácter práctico y colaborativo del aprendizaje (se aprende “escuchando, mirando, actuando”)  y cuestiona la divisioria entre educación y diversión pues “lo que agrada enseña de modo mucho más efectivo”.

Si me he demorado en escribir no es porque buscara desvelar verdades como puños (¡vaya metáfora!) sino precisamente por estar experimentando lo que el texto señala: me pierdo ensimismada por los territorios a los que me invitan Andrés Jaque, Miguel Mesa y sus colegas; estoy siguiendo un par de MOOCs sobre software libre y conocimiento en abierto; sigo online y offline un Master en comunicación, cultura y ciudadanía digitales, leo a bocados de bits a Marga Padilla o a Gabriela Coleman, llego por twitter a posts y noticias sobre lo que implica el borrador de la nueva Ley de Propiedad Intelectual, al tiempo que me mensajeo con Rubén o hablo por teléfono con Amparo, y me conmociono y emociono con vídeos como RIP Remix Manifesto, que descubro vía @SociologiaNow.

En fin, otros formatos, múltiples conexiones, remezclas y controversias y, sobre todo, pasión. Pasión, deseo y entusiasmo que me contagian la ética hacker y ese mundillo de arquitectos al que apenas me he asomado; una ética comprometida con la apertura, (re)distribución y la circulación del conocimiento, el saber, el deseo, el poder… Y así, husmeando por aquí y por allá intentando entender lo que me rodea, me reconozco en una “conversión” en la que resuena  “Becoming a marihuana user” de Becker.

Pero volvamos a la docencia ordinaria en una institución donde se privilegian anacrónica y acríticamente el formato impreso, la clase «magistral» y el saber teórico-experto mientras otras posibilidades se señalan como inapropiadas, superficiales, o sospechosas, desde Wikipedia al uso de ordenadores en el aula. Sí, has leído bien. Según este dictamen de la UCM los estudiantes no pueden utilizar ordenadores en el aula sin el consentimiento expreso del profesor, pues “una lección oral es una obra protegida” y las clases son “lugar o espacio privado por cuanto solo los matriculados pueden asistir a ellas, no siendo posible el acceso al público en general”. He aquí un ejemplo de la estomagante tensión entre instituciones y colaboración a la que se refiere Clay Shirky. Y las instituciones se defienden bajo amenazas a una democracia posible que van mucho más allá de lo que los recurrentes debates sobre las descargas permiten vislumbrar. Y en el mismo bucle se retroalimentan las fronteras entre quienes pueden producir, almacenar y difundir conocimiento y cultura y quienes no, desconsiderándose otras fuentes y saberes, deslegitimando otros usos e interpretaciones, y colándose de rondón la exclusión generada por unas tasas prohibitivas en la universidad pública y una más que deficiente política de becas.  ¡Qué de muros!

¿Queremos y necesitamos tantos muros? No lo creo. Y, entonces, ¿qué? ¿Facilitamos enlaces a recursos diversificados para que cada cual pueda dar rienda suelta a su pasión o seguimos restringiendo el saber legítimo a revistas cuyo precio de suscripción esquilma los ya escasos fondos de las universidades públicas y a libros con un solo ejemplar en la biblioteca, que se fotocopiarán, aunque no se lean, en un derroche sin sentido? ¿Requisamos cualquier dispositivo (bolígrafo incluido) que permita a los estudiantes apropiarse de “mi obra”? Si Saussure lo hubiera hecho no existiría su Curso de Lingüística General. ¿Nos conformamos con las herramientas que nos facilita Google bajo convenio con nuestras instituciones o con plataformas virtuales que aun cuando son de código abierto, como moodle, tienen institucionalmente el acceso cerrado por defecto (en toda su literalidad) o indagamos y practicamos otras posibilidades que «rulen», nos diviertan y no comprometan la libertad de acción, expresión, información, asociación, etc.? En definitiva, ¿más muros o menos muros?

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