Quedamos a las ocho: alianzas musicales de balcón, normas vecinales y dúos dinámicos

Sociología Ordinaria Ocho:
Juntas y revueltas: redes, alianzas y sostenes
Sesión: GÜATEQUE EN MI KELLY

21/05/2020, 17.30-18.30


Massimiliano Casu 

RESUMEN: El primer borrador de esta propuesta empezaba con un recuerdo de hace 15 años, cuando cursaba la amargura del último año de la carrera y leí el “Mouldiness Manifesto Against Rationalism in Architecture” escrito en 1958 por Friedensreich Hundertwasser, donde se reivindica el derecho de cualquier persona a “asomarse a la ventana y transformar el espacio en el que habita hasta donde lleguen sus brazos.”
Contaba de qué manera esto había inspirado mi interés por la creación artística colectiva y comunitaria: si el derecho a la ciudad se expresa a través de la capacidad de producir nuestros propios espacios, ¿no debería el derecho a la cultura expresarse de la misma manera?



De esto, surgía la fácil conexión con la actual proliferación de djs de vecindario: personas que ejercen su derecho a asomarse a la calle y producir cultura, transformando el contexto hasta donde llegan los watios de sus altavoces, como reivindicaba Hundertwasser.



Sin embargo, antes de ayer, después de dos días de deserción del ritual de los aplausos, una vecina nos preguntó por qué llevaba un par de días sin vernos. Si esta pregunta podía manifestar el nacimiento de una micro-red de solidaridad vecinal o un esbozo de alianza, por otro lado me despertó una infinidad de dudas sobre los mecanismos de control y opresión que generamos sin darnos cuenta. Así que descarté el texto que staba escribiendo.



Si buscamos las playlist de Spotify con las palabras “aplausos”, “confinamiento” o “cuarentena”, encontramos algunas claras constantes: himnos de España, himnos regionales, himnos de la movida, himnos del perreo veraniego. Una cantidad desmesurada de himnos.
¿Nos convierten estos aplausos, bailes y karaokes en centinelas de ventana, cornetistas de balcón y soldados que performan diariamente saludo a la bandera? O al revés, ¿estamos asistiendo a un nuevo despertar de un espíritu de comunidad celebrante?



La propuesta reformulada es esta: dado que no tenemos ideas muy firmes sobre lo que está ocurriendo, y que debemos desconfiar de quien las tenga, me gustaría organizar un pequeño conversatorio/poster sobre el ritual de las emisiones musicales desde balcones y ventanas, las pseudo-fiestas o fiestas sin pseudo que se están realizando en cuarentena y cómo las podemos leer.