Pornografía del alma. Estudio de caso: Sálvame

En la actualidad, uno de los medios de comunicación más vilipendiado es la televisión. Son muchos los estudiosos que consideran que gran parte de los programas que se emiten en este medio son telebasura. Uno de estos programas es Sálvame (Tele5, La Fábrica de la tele: 2009). El programa se autodefine como magacín y se emite de lunes a viernes de 16:00 a 20:15, teniendo un especial los viernes noche (Sálvame Deluxe). Aunque su función primigenia era la de ofrecer un contenido sobre la actualidad del corazón, en realidad se ha convertido, con el paso del tiempo, en lo que se ha denominado neorrealismo televisivo.

Sálvame ha roto la cuarta pared. Se ha convertido en un patio de vecinas dentro del salón. Aquí todo vale. Podemos ver a los colaboradores merendar a la misma hora en que lo están haciendo los espectadores, salir del plató para ir al cuarto de baño, discutir y abandonar el programa y, sobre todo, podemos ver la ‘transtienda’ del mismo. Todo es emitible. Los tiros de cámara están dispuestos, no sólo en los 360º que tiene el plató, sino que si se considera oportuno, se puede sacar la cámara al exterior para seguir a un colaborador que va al baño o, simplemente, porque les avisan de que en los pasillos de Tele5 se encuentra algún personaje al que ‘asaltar’. Los directores del programa, los montadores, las sastras, los becarios…todos son habituales dentro del plano.

Pero los verdaderos protagonistas son los colaboradores. En este caso, no se
presentan como meros interlocutores o periodistas que llegan al plató, exponen la información que tienen sobre otros y, al terminar el programa, recogen y se van. Sálvame no es así. Aquí el colaborador ‘vende su alma al diablo’ y, firmado bajo contrato, tiene que desnudar sus miserias en público. Y si no lo hace él, no importa, ya habrá un compañero que las saque cuando no está…al igual que un patio de vecinas. ¿Y qué ocurre después? Réplicas y contrarréplicas con los que van ‘rellenando’ a base de cebos el programa día a día. En definitiva no ocurre nada, simplemente el espectador descubre cómo los personajes que están al otro lado de la pantalla tienen problemas igual que los pueden tener ellos. Y todas las tardes se desnudan antes millones de espectadores. Esta pornografía del alma – recordemos que firmada por contrato – se vuelve adictiva. Muchos ‘personajes’ quieren pertenecer al ‘cortijo de Jorge Javier’. En el fondo es un trabajo sencillo. No necesitas buscar información, tú mismo eres información y tienes la exclusiva. Son jueces y parte. Y han pasado de ser personajes extraordinarios –entendidos como aquellos que son fuera de lo común– a convertirse en seres tan ordinarios como los espectadores que lo ven. ¿O será al revés? ¿Es ahora el espectador el que se siente extraordinario viendo las desgracias ajenas contadas en primera persona por el colaborador de turno?

Elena Carrillo Pascual Belén Puebla Martínez  (Universidad Rey Juan Carlos). <+info (CVs)>

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