El pedo (y no el de borrachera)

Sesión La incorrección como resistencia
11/05/2017, 10.30-11.30


IRIA CURRÁS GATO, EVA JIMÉNEZ MARTÍNEZ y SALVADOR RICO PÉREZ son… [pendiente de actualización]

Les pido perdón. Acabo de tirarme un pedo. Estoy enferma, ¿puedo peerme? Pido perdón y permiso. Bueno, mejor perder un amigo que una tripa.
Le Petomane, por poner un ejemplo, se consagró como humorista por soltar gases a su voluntad. Ahora, veamos Anaconda (de Nicki Minaj) sustituyendo la música por esta percusión anal. Humor y despedorre. El humor es el único lenguaje público que le permite la salida (al pedo). Caca, culo, pedo, pis. El pedo contiene multitudes, avergonzadas de sí mismas. Hasta Horacio dice Nam displosa sonat quantum vesica pepedi. (“Pues yo, abierta la nalga, me tiré un pedo tan grande como suena una vejiga reventada”).
En multitud, o nos hace gracia o nos da asco. Dos discursos: entre la higiene y el espectáculo.
El olor entre el perfume y la flatulencia: Eau de fúa, Fúa que pest. Nuestras emanaciones corporales (como otros malos olores), se vuelven abyectas a través de la desodoración y el discurso médico. La higiene y el decoro expulsan ciertas tipologías odoríferas. Aunque la relación entre la enfermedad y la fetidez se ha desechado, el estigma persiste por descompuesto. Huele a podrido.
Nuestras ideas de suciedad expresan sistemas simbólicos. A un control social fuerte corresponde un control corporal estricto. Cuanto mayor sea la presión por parte del sistema social mayor será la tendencia a descorporeizar las formas de expresión (Mary Douglas, Símbolos naturales,1970).
Si el discurso científico actual nos advierte de la relación cultural entre el olor a pedo y el rechazo. ¿Por qué seguimos ocultándolo? “El que primero lo huele debajo lo tiene”.
Planteamos la ruptura del sentido común en la defensa de esta vergüenza popular.
Podemos concluir que las ventosidades están estigmatizadas por un discurso de poder. Entonces, ¿podemos resistir a través de los pedos?
¡Tira del dedo!