La habitación de Adolescence: Domesticidad y cultura de odio machista

Ignacio Moreno Segarra y Alba Mira Roda (UCM)

Sesión: Mala onda

30/05/2025, 16.00-17.15


Resumen: En el capítulo final de la serie Adolescence (Thorne, Graham y Barantini, 2025), el padre del protagonista se enfrenta por primera vez en la habitación de su hijo. La escena, cargada de dramatismo, revela no un cuarto radicalizado lleno de esvásticas hechas con heces, sino una anodina habitación infantil. En Of Other Spaces, Foucault (2002) define las heterotopías como lugares que suspenden identidades, capacidades o significados, entre ellas las «heterotopías de crisis», espacios asignados a quienes atraviesan momentos de transición, como adolescentes. Esta ponencia propone entender la habitación del adolescente varón como una heterotopía de crisis dentro del hogar, foco de pánicos morales y mediáticos.

Desde McRobbie y Garber (1981), la habitación adolescente ha sido vista como refugio de consumo cultural, donde las chicas fantaseaban con retrasar su entrada en la heterosexualidad. Autoras como Livingstone (2007) han mostrado cómo la tecnología, la compartimentalización del hogar y la restricción del acceso al espacio público han reforzado la habitación como lugar de experimentación identitaria. Valentine y Holloway (2002) hablaron de esta exploración como una “sordera identitaria”, proceso de separación familiar mediante lo digital. Así, el cuarto conectado a Internet —ese “tándem sujeto-máquina-online” (Zafra, 2010)— se convierte en un nodo privado de agencia adolescente y foco de sospecha.

La historia del videojuego y del cine refuerzan este imaginario. En 1983, con el colapso del mercado global de videojuegos, los dispositivos se replegaron al espacio doméstico masculino. Ese mismo año, la película Juegos de guerra (John Badam, 1983) mostraba a un hacker adolescente poniendo al mundo al borde de una catástrofe nuclear desde su habitación.Reagan, impactado por el filme, preguntó a sus generales si tal cosa podría pasar. Uno respondió: “El problema es peor de lo que piensa”.

Adolescence retoma este legado con una pregunta alarmante: ¿cómo un chico llega a asesinar a una compañera? Según su cocreador Stephen Graham, la escena final apunta a una ausencia: la del padre que nunca estuvo en ese espacio. Medios como La Vanguardia o 20minutos plantean si la habitación adolescente es hoy un lugar seguro. Para Keir Starmer, primer ministro británico, es urgente que esta serie se vea en las escuelas: “Muchos jóvenes están solos, aislados, consumiendo contenidos misóginos en sus habitaciones”.

¿Es la habitación de los hombres adolescentes un refugio carcomido por el malestar colectivo y el colchón propicio para el resentimiento? ¿Una atmósfera que fomenta resentimiento y violencia? Este trabajo analiza cómo los discursos mediáticos, sociales y políticos construyen la habitación del adolescente varón como epicentro del miedo y la radicalización. Sin embargo, enfocar el problema solo en ese espacio concreto es perder la visión de conjunto: una atmósfera estructural —institucional, familiar y relacional— que legitima el odio a las mujeres (Delgado, 2025).

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