El coche modificado: resistencias prácticas y emocionales

Sesión Con estas manitas
11/05/2017, 13.15-14.00


LUKE BOWE es… [pendiente de actualización]

Motores de alta potencia. Matrículas quitadas o tapadas con cinta. Conductores llevando la máscara de Jason de Viernes 13. Huidas de la Guardia Civil. No es el eslogan del último éxito de la taquilla, sino la realidad para algunos aficionados del automovilismo en España, el coste de practicar su afición.
Al finales del año 2010, el gobierno Español puso en vigor una nueva estructura de la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) para limitar la modificación de automóviles, imponiendo una serie de tasas, pruebas, y homologaciones para cada modificación, efectivamente dejando la afición del automovilismo fuera del alcance de la gran mayoría de españoles. Ostensiblemente para cumplir con normativas establecidas por la Unión Europea y asegurar que los coches que circulan en las carreteras están en condiciones aptas para hacerlo, la ITV de 2010 fue escrita para combatir la ola de tuning de mala calidad tras la crisis económica de 2008. Presionados por la carga económica de modificar el vehículo, los aficionados se enfrentaron con tres opciones: dejar de practicar su afición, cumplir con las normativas establecidas con la ITV y pagar las tasas que conlleva, o participar en la afición en el margen de lo legal. Esta provocación se centra en métodos de resistencia utilizados por la comunidad automovilística de Madrid para seguir practicando su afición, muchas veces en formas cuasi- o no-legales. La primera parte trata de resistencias prácticas, las medidas tomadas para poder modificar un coche sin una homologación total, como tener componentes intercambiables (un juego homologado, el otro no). La segunda parte trata de resistencias emocionales, en concreto la adopción del espíritu outlaw de una subcultura automovilística de Osaka por un grupo de jóvenes en Madrid. Al incorporar y reapropiar la ideología, la estética, y los objetos significativos de los Kanjo Racers originales, los madrileños proclamar su resistencia a través de símbolos, mientras rendir homenaje a sus inspiradores japoneses.
El vehículo siempre ha sido un sitio de auto expresión e individualismo. Sin embargo, cuando el coche se transforma en sitio de conflicto entre el Estado y la ciudadanía, se convierte en símbolo de resistencia, una protesta móvil de acero, cristal y goma cuyo mero uso es un acto de rebelión.