Concentrarnos en el trasluz. Por una política de lo ambiguo

Candela Crespi (UCM)

Sesión: Al viento: Cantares y contares

29/05/2025, 17.45-18.45


Resumen: Hay una cuestión que me ronda a menudo desde que leí la última novela de Belén Gopegui, Te Siguen (2025). ¿Cómo se construye la inevitabilidad? ¿En qué momento el colapso y los totalitarismos se convirtieron en nuestras únicas narrativas creíbles del futuro? La literatura de Gopegui se ha caracterizado por apelar a la movilización y a la esperanza, sin embargo, desde este presente desalentador la autora acude a una emoción que de primeras puede no resultar tan estimulante. El arrepentimiento, que “no es una pena, ni una espina sino un motor viviente mediante el cual una determinada concepción de lo inaceptable logra mover un cuerpo en dirección contraria a la inercia social y personal” (Gopegui, 2025:151). Creo que la postura de Gopegui se vincula a lo que Remedios Zafra (2017) llama el fin del entusiasmo. Lo agotador que ha resultado el tratar de soportar la ilusión en estos años y lo que ese sobreesfuerzo nos ha devuelto. Desencanto. Por eso me resulta interesante y subversivo proponer al arrepentimiento como un posible afecto previo a la esperanza. Desapropiarlo (Rivera Garzam 2013) de connotaciones penitentes y darle caña. Poder arrepentirnos con gusto de los lugares y discursos hacia los que han forzado a nuestras credibilidades a ir. Para que el arrepentimiento no termine por truncarse en compasión o fustigamiento es preciso que dotemos colectivamente a este afecto de propósitos y deseos. Y en este sentido, considero que el archivo puede funcionar como una herramienta para que reorganicemos nuestras atenciones. A través de la idea de “archivo de sentimiento”, Ann Cvetkovich (2018) reconoce la importancia de archivar narraciones de dolor desde lo ordinario y cotidiano como estrategia para escapar de visiones reduccionistas y así poder reconocer otros apartados esperanzadores que surgen también de lo doloroso, como es el caso del activismo o el cuidado. Tratar de organizarnos desde la consciencia de lo ambiguo. Conocer nuestras limitaciones, frustraciones y errores sin dejar de considerar y alegrarnos por todas esas atmósferas que hacen posible creer en la vida. Concentrarnos en el trasluz.

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