«Flores en la cabeza». Músicas danzantes y performances rituales como artes de vivir en un planeta dañado

Sesión Imaginación en el dance floor
25/05/2024, 17.30-18.30


ANTONIO GIRÓN      (Universidad Complutense de Madrid) (enlace a vimeo)

Este es el título de mi investigación doctoral. En ella empleo una cámara de cine digital para prestar atención a modos de experiencia lingüísticos, simbólicos y semióticos pero también sensoriales, incorporados o «más allá del texto». Además la producción de resultados combina la disertación escrita con contenidos audiovisuales que me gustaría compartir con las sociologías (extra)ordinarias.

Mi trabajo se desarrolla en dos geografías urbanas. En Madrid atiendo las sesiones de salsa, bachata y kizomba junto a la ermita Virgen del Puerto. Aquí puedes encontrar una profesora de salsa caleña bailando con una ejecutiva de Bangalore o los conocimientos incorporados de Paco “el torero”, quien baila salsa brava con el gesto de quien suspira por España en un pasodoble. En la ritualidad festiva de estas celebraciones en el espacio público se suspenden hasta cierto punto las separaciones entre las diferentes posiciones generacionales, étnicas, de género y clase, se deconstruyen los procesos de mercantilización y se negocian las convenciones heteronormativas predominantes. También estoy siguiendo los ritmos del colectivo La Parcería, una embajada transfronteriza del caribe y un nodo de conexiones parciales donde se encuentran personas y redes migrantes alrededor de propuestas como los salsódromos, la música y las artes performativas.

Mi segunda geografía es un barrio de Jerez de la Frontera: Estancia Barrera, un conjunto de viviendas públicas levantadas a fines de la década de 1980, de manera que en la memoria del lugar todavía subsiste la desaparecida fragua del tío Juane o el recuerdo de cuando las viviendas autoconstruidas eran “un barrio con una sola puerta”. Aquí la iniciativa de un grupo de mujeres ha tejido alianzas dentro y fuera de la Estancia y ha puesto en marcha talleres de teatro, baile y música, donde la performatividad ritual de eso que llamamos «flamenco» actúa a múltiples niveles como un dispositivo expresivo con múltiples implicaciones representacionales, políticas, afectivas y estéticas.

Desde estos sitios me propongo enfatizar o incluso exagerar las contribuciones agenciales de las fuerzas y entidades excluidas de lo que Ranciére llamó el «reparto de lo sensible», es decir, del «reparto de lo que se escucha y lo que no se escucha, de lo que es visible y de lo que no lo es». Rastreo asociaciones inesperadas entre la corporalidad y los roles de género, el ritmo y la naturaleza, el espacio y el tiempo, las emociones y la vida ordinaria. Mi argumento es que podrían enseñarnos algunas de las «artes de vivir en un planeta dañado» que nos urge a cultivar Anna Tsing (2017) cuando ponen en evidencia tipos de sanación práctica y colaboraciones improbables. Es decir, estoy comprobando su carácter recuperativo/generativo, su papel de altavoz de discursos étnicos, políticos, sociales y/o de género silenciados y subalternizados.

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