Debates de bar

Sociología Ordinaria Seis!!! Lo hacemos y ya vemos
Sesión Bares, qué lugares

09/05/2018, 16.45-17.15


LAURA ACOSTA VALENTÍN es… [pendiente de actualización]

RESUMEN: Si pienso en cuestiones que en mí día a día requieren atención urgente tengo que resaltar la necesidad de aprender a gestionar las discusiones de bar. Esas en las que cuando nadie tiene ni idea del tema todxs los presentes arreglamos el mundo. Pero mi inquietud no va por ahí sino que me gustaría exponer lo que ocurre cuando algunxs si que tienen algo de idea sobre el tema que se trate y cómo se enfoca esta cuestión dependiendo de la jerarquización social a la que se someten ciertos temas y a la relevancia que le damos a tener conocimientos sobre algo.
Los espacios concretos son, generalmente, respetuosos con el campo que se trata pero, cuando el espacio de debate no es propio de un marco específico, la estigmatización que socialmente se vela sobre ciertos aspectos sale a relucir, jerarquizándose la validez de las opiniones no por el peso de sí mismas sino por el estatus de cada corpus de estudio. Es decir, si un médico habla de medicina con otros médicos o con profanxs en la materia, normalmente, el debate se mide por la calidad de los argumentos y la validez para darlos de quien hable, bien se den en una conversación en el hospital o en un bar. En otros campos, como son la educación y el feminismo, las tesis de quienes debaten se sopesan en base a su calidad si es entre expertxs del mismo campo en un cualquier entorno, pero, si la discusión se da en un contexto informal con personas que no se dedican a estos campos, debatirán y rebatirán como si lo fueran ya que “son temas de los que todxs sabemos”. O lo que es lo mismo, los estudios que socialmente admitimos por buenos no se ponen en duda mientras que, si te dedicas a cuestiones entendidas como “menores” cabe la posibilidad de que tu opinión de expertx – o de persona que ha estudiado algo sobre el tema- sea igualmente valida que la de quienes han leído muchísimo desde el 8M en los periódicos.
Ante esto se me ocurre que podría intentar hacer ver el error a quienes lo cometen, pero no tengo alma de mártir. Por otra parte, cabe la posibilidad bien de aprender a contenerme y dejar que la conversación siga, bien de vetar temas o bien ponerme ordinaria ante comportamientos groseros.

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