Construcciones groseras y policías/políticas del buen gusto. Una aproximación a los conflictos estéticos del territorio rural gallego

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Sesión Conversatorio: Tú sí que molas. El (mal) gusto como trinchera
28/05/2022, 16.00-17.45

RODRIGO DELSO Y ANTONIO GIRÁLDEZ

Bajo el paraguas del buen gusto subyacen una serie de debates de calado mucho más hondo hacia quién es capaz de establecer y construir la verdad en torno a lo válido y deseable, qué acciones, decisiones y códigos estéticos son dignos y cuáles quedan relegados al ámbito del mal gusto, lo grosero o directamente lo grotesco. Bajo la banalidad de los códigos de conducta o etiqueta se esconden lógicas de jerarquía y poder. Este es un discurso que no escapa a la construcción del territorio. O, al menos, de los territorios rurales gallegos.

La Xunta de Galicia lanzó en los últimos años una campaña de financiación para “corregir impactos paisajísticos” de particulares adecuándolos a los estándares estéticos de un territorio cada vez más colonizado por las lógicas del turismo xacobeo, el buen gusto urbanita y la inminente llegada de la alta velocidad desde Madrid. Más de diez millones de euros se han invertido en esta campaña política llamada fermosismo, un término antagónico al creado un par de décadas antes desde los principales medios de comunicación gallegos: el feísmo. Así comenzó a denominarse a todas aquellas construcciones, generalmente en el ámbito rural y promovidas por personas de bajo nivel adquisitivo, que no cumplían con los cánones del buen gusto y no respondían a aquello que se debía esperar de un territorio “natural”. Planchas de fibrocemento, bloques de hormigón, paredes sin recebar, galpones y somieres fueron objeto sistemático de burla y señalamiento, al igual que sus propietarios: sus viviendas y su modo de vida era grosero y ordinario, incluso “caníbal”: “despropósitos urbanísticos que se han perpetrado sobre el bello paisaje gallego, transmutando Galicia en un decorado caótico, apocalíptico e inarmónico, reflejo del alma de nuestro pueblo”.

Sin embargo, estos conflictos no se limitan a la edificación sino que se replican a escala territorial y se extienden al aprovechamiento energético o de biomasa forestal. Estos impactos paisajísticos, sin embargo, no son señalados por el gobierno –que fomenta su implantación rápida y eficaz–, sino que son los propios habitantes de la zona los que, organizándose en brigadas, protestan contra un modo de entender los recursos territoriales basado en el extractivismo. Sin embargo, en sus discursos y manifestaciones se vuelve a aludir a una idea romántica y nostálgica respecto a elementos groseros que no pertenecen al paisaje original.

En nuestra propuesta, describiremos estos elementos –casas, granjas, paneles fotovoltaicos, eucaliptos-, mezclados con citas de políticos, arquitectos, turistas y vecinas para explorar la importancia de la dimensión estética de lo grosero y el buen gusto en la galicia rural y debatir si esta estetización del conflicto oscurece o impide debates más profundos sobre los problemas del territorio.

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